miércoles, 10 de octubre de 2012

Las marionetas de Mariona Masgrau en el TOPIC de Tolosa

Se acaba de inaugurar una gran exposición sobre la obra entera de Mariona Masgrau, titiritera catalana fallecida en el año 2007, cuya colección de marionetas fue cedida al Centro Internacional del Títere de Tolosa. La exposición, que estará abierta hasta el 10 de marzo, cubre las diferentes épocas de la artista, con una selección muy bien pensada de las piezas más representativas de cada una de ellas.

Mariona Masgrau. Foto de Isa Albareda.
Podéis ver más crónicas e información sobre la exposición en la revista Titeresante. Adjuntamos aquí el texto escrito para el catálogo por Toni Rumbau:



 
El Arte de Mariona Masgrau

Importa, ante la gran oportunidad que ofrece esta exposición dedicada a la obra de Mariona Masgrau, subrayar la singularidad de su trabajo como artista y titiritera, navegando siempre con una libertad de espíritu única y envidiable, cuando no con los vientos en contra pero siempre con las velas desplegadas.

Mariona Masgrau con Constantina
Mariona Masgrau, de formación autodidacta en lo que se refiere a las marionetas –pero con breves e intensos estudios de arte y modelaje en una escuela danesa de la localidad de Holbaek–, se forjó como titiritera en Portugal, cuando participó en 1975 en la  Campañas de Dinamización Cultural del MFA viajando a las Azores y luego por la zona de Viseu, con la compañía Marionetas de Sao Lourenzo. Fue una época corta en el tiempo pero larga y densa en vivencias que transmutó para siempre su vida, al darle a conocer una forma de relacionarse con la realidad y con los demás distinta a la hasta entonces conocida: las marionetas. Fue pues en este ambiente de relajada exaltación revolucionaria y de fuerte aliento mitológico, en una época en la que la Historia parecía dejarse tocar con la mano, que Mariona comprendió, en lo más profundo de sí misma, que había encontrado un camino viable –viabilidad entendida siempre desde la particular  perspectiva mítica de la época– para dar rienda suelta a sus anhelos de expresión artística con la manos.

Celestina del Ampurdán. Marioneta de la primera época.
Digo con las manos, porque ellas fueron las herramientas principales de Mariona: para modelar las primeras marionetas, cuyas cabezas eran de barro cocido, y cuyos cuerpos estaban también hechos y cosidos por sus manos. Luego, con las manos las manipulaba, tras haberle puesto los hilos. Poder expresarse con las manos fue su verdadera vocación, tocar la materia y modelarla, sea barro, tela, madera, espuma o cualquier material por muy innoble que fuera –aunque prefería los nobles, claro está. Expresarse con lo que las manos podían hacer, en substitución de la palabra.

Podríamos hablar de tres grandes épocas en su trayectoria como artista y titiritera. La primera, que empezaría en Portugal en el año 1975, es la de los “grandes” inicios, cuando su trabajo se centra sobre todo en modelar las caras que darían figura y personalidad a sus primeras marionetas. “Inicios grandes” porque la calidad de su trabajo es aquí superlativa: al centrarse especialmente en el modelaje de las caras, sin pensar demasiado en “lo demás”, puso en el empeño todo su saber y su arte más primoroso, algo que podemos comprobar viendo las hermosas caras que surgieron de esta primera etapa creativa, que poco a poco adquirirían nombre y vida propia: la Celestina, Tecla, el Capitán Cazalla, el Juglar, Malic, el Viejo, el Sereno, Simbad el Vampiro, y otras que se quedaron sin cuerpo, pero que salían de las manos de Mariona buscando su lugar en el elenco de personajes que poco a poco se iban imponiendo. Esta época se prolonga  hasta bien entrados los ochenta aunque de hecho nunca llegó a terminar del todo, pues Mariona mantuvo siempre vivo ese trabajo directo con el barro y las materias primas que utilizaba para pintar sus caras (o las paredes de su casa, o de su teatro), con pigmentos naturales que mezclaba con otras sustancias.

Marionetas de Malic en China
Sin embargo, una vez entrada en la vorágine del oficio que toda aventura titiritera conlleva –esa vorágine hecha de funciones, viajes, prisas, estrenos, encargos  y apuros económicos–, su trabajo tuvo que diversificarse para ampliar su base de creación y adaptarla a las necesidades de los espectáculos y de la compañía La Fanfarra (constituída por Mariona Masgrau, Eugenio Navarro y Toni Rumbau). Una compañía que en el año 1984 abrió además el Teatre Malic, iniciando una segunda aventura artística y empresarial en paralelo a la de las marionetas. En esta segunda etapa hay un mayor equilibrio entre las necesidades escénicas de cada espectáculo y la realización misma de sus personajes o marionetas, que no siempre podían ser de cerámica. Nacen así espectáculos como Malic en la China y Malic en Nueva York, que incorporan ya el teatro de sombras.

Mariona en el taller. Foto de Anastasi Rinos.
Creo que Malic en la China constituye un antes y un después en el trabajo de Mariona y de La Fanfarra. La obra nace tras un viaje a Londres en 1979 para asistir como espectadores (aunque también La Fanfarra actuó en la calle, pasando el gorro y sufragando así algunos costes) al importantísimo Festival de Marionetas que se hizo aquel año con dirección de Penny Francis. Allí se pudo ver a los grupos más importantes del momento así como géneros y técnicas diferentes que jamás habíamos visto. El trabajo de Triangle de Holanda, Roser de Alemania, el Bread and Puppet y Bruce D. Schwartz de los EEUU, el Bolshoi de Leningrado, Drak de Praga, Da Silva Puppet Theatre y el Litlle Angel de l’U.K., el Karagöz de Metin Ozlen de Estanbul, el Marionetteatern de Michael Meschke, y aún otros muchos, abrieron los ojos de La Fanfarra. Al regresar a Barcelona, Mariona cambia de registro y empieza a construir marionetas más pequeñas y sutiles en sus movimientos. Se introduce también el teatro de sombras, con la colaboración en las siluetas de los dibujos de Jordina Salvany, y se logra una afortunada combinación entre marionetas de hilo, de guante y de sombras muy afortunada, que hizo del “Malic en la China” un gran pequeño espectáculo.

Retablo de La eina Blanca. Decorado y barco de Pepe Otal.
Este enorme paso dramatúrgico abrirá la puerta a otras aventuras creativas, como es Malic en Nueva York, obra que escapa a la lógica narrativa convencional y entra más en un formato de teatro poético y de la imagen. Más tarde nacerán obras realizadas exclusivamente en sombras, como Calidoscopia y Carmen. También de esta época es La Reina Blanca, tal vez el último trabajo importante en el que la mayoría de las marionetas llevaban todavía cabezas de cerámica.

Con La Reina Blanca, Mariona alcanzó su madurez como creadora de marionetas, con personajes muy logrados en los que supo combinar la libertad estilística del modelaje y de la creación plástica con las necesidades de un guión muy concreto marcado por una serie de peripecias narrativas. Con decorados y el mismo frontal del teatro pintados por Pepe Otal, La Reina Blanca fue un punto culminante de estas dos primeras etapas artísticas de Mariona, centradas en el trabajo conjunto de los tres miembros de La Fanfarra. De hecho, nació inspirada en la Opera dei Pupi de Palermo, a raíz de unas actuaciones de Ana Cuticchio en el Teatro Malic, donde cosechó un éxito clamoroso. ¿Por qué no partir del mismo esquema escénico de los pupi, pero trabajando con marionetas de hilo en el estilo propio de la compañía?

Jofre, marioneta de la primera época.
Un estilo, el de las marionetas de Mariona, muy peculiar, pues al ser de un tamaño bastante grande (entre 80 cm y 1 m) y tener un peso considerable, no servían los mandos que entonces se utilizaban en Barcelona, inspirados en el modelo inglés enseñado por Tozer, más pensado para marionetas pequeñas y de poco peso. De ahí que el mando utilizado fuera horizontal (en vez del clásico vertical) y que el juego de manipulación dependiera del propio balanceo de la marioneta bien controlado por los hilos y por las manos del manipulador.

Y aunque las primeras marionetas fueron hechas para ser manipuladas desde un puente, con el primer espectáculo de la compañía titulado Malic en Babilonia de modo que puede decirse que éstas eran de interior, en realidad, desde que un día la Fanfarra decidió salir a la calle tras acortar los hilos de las marionetas, nos dimos cuenta de lo bien que funcionaban allí: su medida, parecida a la de los niños, lograba un gran impacto cuando el títere se acercaba a ellos. De esta etapa callejera son los espectáculos La Historia del Rey Triste, El Fantasma de las Montañas, Aquiles y la Tortuga, El Tesoro del Capitán Pirata, obras protagonizadas todas ellas por Malic, de modo que al final fueron agrupadas en un único programa titulado Las Aventuras de Malic. Hubo todavía otros espectáculo de calle, como Malic y la Fuente de la Eterna Juventud, pero con la abertura del Teatro Malic, la Fanfarra de alguna manera cambió de rumbo: al disponer de un teatro propio donde podía presentar lo que quería, surgieron espectáculos pensados directamente para adultos, como Calidoscopia y Carmen, los dos hechos exclusivamente con teatro de sombras aunque muy diferentes entre sí, y la misma Reina Blanca, antes comentada.

Fachada del TOPIC de Tolosa, donde se realiza la exposición
de Mariona Masgrau
La utilización del teatro de sombras fue un rasgo característico no sólo de esta época sino de todas las de la Fanfarra, desde el momento en que se introducen en el primer montaje de Malic en la China. Además de las obras exclusivamente realizadas con teatro de sombras, siempre había un uso del mismo en uno y otro momento de la mayoría de las obras, incluso las posteriores a esta etapa. Puede decirse que los tres miembros de La Fanfarra tienen en su ADN artístico el Teatro de Sombras incrustado, siempre listo para servir en tal o cual escena, o para dedicarle una obra entera.

Carmen fue un trabajo especial: en esta obra, Mariona hizo por primera vez de actriz, pero en negativo, es decir, apareciendo en sombras detrás de una pantalla que cubría toda la boca del pequeño escenario del Teatro Malic. Teatro de sombras de actriz y de objetos, podríamos llamar a esta obra, a partir de un guión de Joan Casas y Toni Rumbau, y con dirección de escena de Rafael Durán.

Constantina
La tercera y última etapa de Mariona fue la de la libertad a ultranza así como de compromiso consigo misma, decidida a emprender un camino de investigación y de aventura en solitario. Tuvo su primer pistoletazo de partida con la obra Mangalena, con dirección de Anastasi Rinos, a la que le siguió una retahíla de títulos en los que Mariona creó toda una serie de personajes femeninos que venían a ser una especie de alter egos suyos que le servían para expresar sus desasosiegos, sus anhelos y sus inquietudes. Son la ya mencionada Mangalena, Constantina, Sophia, La Caja de Juguetes, De tanto que te quiero y El despertar de las pasiones. Una época ecléctica en la que lo importante ya no es tanto la manualidad creativa (aunque también, pues nunca dejó de investigar con los materiales y con el reciclaje de los componentes) sino en lo que se quiere decir en cada espectáculo. Para ello se rodeó de un fiel equipo de colaboradores que aportaban texto, escenografía, música o dirección de escena.

Pintura de Mariona Masgrau
Hay que decir que Mariona, a pesar de esta deriva hacia un teatro de contenidos, jamás abandonó su necesidad personal de expresión artística, no sólo satisfecha a través de sus inventos y muñecos sino también a través de su inclinación por la pintura, que trató a su aire y particular manera, inventando tintas y trabajando con la misma libertad de siempre.

Mariona pintando. Foto de Anastasi Rinos.
Puestos a definir con palabras el arte de Mariona, algo desde luego siempre difícil por no decir imposible, creo que habría que poner los siguientes adjetivos: valiente, rudo, sincero, autónomo, auténtico, esencial, noble, atrevido. En cuanto a los sustantivos, pondría: artista, teatro, vida, emoción, aventura, arrojo. Mujer de empatías claras, no tenía pelos en la lengua a la hora de decir las verdades. Eso le creó amigos y enemigos, y tuvo que lidiar con ellos desde esas arenas movedizas que son las emociones.

Su obra, variada y propia de una artista que tuvo que adaptarse a los vaivenes de una profesión atípica como es la de titiritera, ha conseguido traspasar los límites de lo efímero, esta condena que pesa sobre el arte del teatro. Hoy destaca en su materialidad objetiva, gracias al empeño de su duro trabajar con las manos, obra que tiene sus picos y sus valles, y que brilla como un ejemplo de tesón y de lucidez empírica de titiritera que no se arredra ante las dificultades. Que un museo como el del TOPIC le haga justicia con esta exposición monográfica honra tanto a Mariona como a los directores del Museo. 


Toni Rumbau
Barcelona, junio 2012

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